El corrido de Juan Hombrón
EL SIGLO – JUEVES 10 DE NOVIEMBRE DE 2011.
El Corrido de Juan Hombrón
CREDITO | CORREO
A Milton Henríquez, compañero de este espacio y colega —por periodista, no por político—, le remitieron unos versos, que él publicó esta semana en su columna. Jorge Niggón, un colaborador, me envió esta composición: ‘El Corrido de Juan Hombrón’.
El caso Juan Hombrón es parte de la historia patria y será recordado en los anales como un hito de relieve en la administración del presidente Ricardo Martinelli.
Personas conocedoras de los intríngulis del poder criollo espetan a bocajarro: ‘No pasará nada’. Se refieren a los aspectos penales y a las consecuencias políticas. No dejan de tener razón. En la cultura popular y hasta en los versos sí ha pasado algo, y la materia Juan Hombrón es recurrente en los decires cotidianos, como los aportes seudoliterarios de estos ayudantes emergentes de los columnistas.
Del origen de Juan Hombrón poco se sabe. Ni siquiera si el gentilicio femenino es hombronera y el masculino hombronero. Ni si surgió de la hombría de algún patriarca o forastero; si se trató de un mestizo o de un aborigen que bajó de la montaña para amansar esas playas. Importan esos entresijos, pero no tanto como que la historia política de Panamá, según tendrán que acomodar los historiadores del futuro, tendrán un antes y un después: antes de Juan Hombrón (a. J. H.) y después de Juan Hombrón (d.J.H.).
El Corrido de Juan Hombrón:
Voy a contarle un bochinche, diputado:
lo que ha pasado allá en Juan Hombrón,
le sucedió a un pescador engarzado
que multiplicó los panes por millón.
Juan se nombraba y fue hombrón,
no era valiente ni desayunaba coliflor,
compró tantas hectáreas de extensión
que a lo lejos no atisbaba ni una flor.
Un domingo que rumiaba en la playa
corriendo le vinieron a avisar:
Juan, despierta que andan titulando
muchos hombres; no te vayan a guindar.
En 60 por ciento recargó su caballo,
ventanas y radares llovieron por montón,
mientras domó perros y pesó un gallo,
su vista contó las playas de su predilección.
Creció la plata en el despeñadero
y las palomas vuelan en El Pedernal,
bonitos coros llegan al Sesteadero,
el coco lo está perdiendo el mayoral.
Los fieles de la política se están doblando,
muchos gruyen y se van a retirar,
y por el mar la basura está bajando
hedores y excremento inundan el lugar.
Allí cerca de desnutrición llora un niño,
pero no importa, pues ellos no se van,
en Piñati les van a titular el cariño,
aunque el cielo ni reza ni llora por su Juan.
Y aún no termino de cantar este corrido
de un pendenciero, forzudo y rufián
que se creyó de las playas consentido:
fue galeotero e indeseable este mentado Juan.