Brasil emprende una purga histórica
Brasil emprende una purga histórica
El escándalo de corrupción más grande de la política brasileña revela un esquema de compras de votos en el Congreso y de influencias
http://www.elnuevodiario.com.ni/especiales/259958-brasil-emprende-purga-historica
En mejores tiempos. Una de las figuras principales del escándalo de corrupción es José Dirceu (izquierda), el antiguo jefe de gabinete del presidente Luiz Inácio da Silva (derecha) quien mantuvo que nunca supo nada de los sobornos para los parlmentarios. AFP / END
El Tribunal Supremo de Brasil comenzó hace unos días a juzgar a las 38 personalidades de la política, la banca y el mundo empresarial acusadas por un escándalo de corrupción que en 2005 hizo tambalearse al entonces presidente Luiz Inácio Lula da Silva y descabezó al gobernante Partido de los Trabajadores (PT).
Los procesados formaban parte, en palabras del Procurador General de la República, Roberto Gurgel, del “más atrevido y escandaloso esquema de corrupción y de desvío de dinero público de la historia de Brasil”. Gurgel remitió al Supremo 44,265 páginas repletas de lo que considera como “pruebas documentales” para solicitar la apertura del juicio. El interés despertado es máximo, tanto, que las audiencias serán retransmitidas por televisión.
Lo que se juzga es el escándalo político-financiero bautizado como ‘Mensalão’ (mensualidad). El caso fue destapado por el exdiputado Roberto Jefferson, otro de los acusados y actual presidente del Partido Laborista Brasileño (PTB), quien en junio de 2005 hizo público que el PT le había pagado cuatro millones de reales (1.6 millones de euros) por el apoyo de esa formación al Gobierno de Lula.
La Policía sostiene que mediante esa trama fueron desviados unos 35 millones de euros, y que el dinero era público, procedente del Banco de Brasil, y no de empresas privadas que habían financiado ilegalmente al partido, como alegan los abogados de los acusados.
Según varios analistas, del resultado de la sentencia puede depender el futuro de Brasil, o, como ha escrito el sociólogo y expresidente Fernando Henrique Cardoso, puede suponer un cambio “en la cultura del país”. El exmandatario apunta que una condena contra los acusados, o por lo menos contra los más importantes y representativos –entre ellos toda la antigua cúpula del gobernante Partido de los Trabajadores–, pondrá un punto final a la cultura de la corrupción y de la impunidad política que aflige al país.
Por el contrario, la absolución enviaría a la sociedad el mensaje de que en política vale todo, incluso adueñarse de millones de euros procedentes de las arcas públicas para comprar votos en el Congreso y en el Senado.
El caso se refiere a denuncias sobre una supuesta trama ilegal para financiar la campaña que llevó a la presidencia a Lula da Silva, que luego se habría mantenido para sobornar a decenas de diputados y comprar sus votos a favor del Gobierno, que tomó posesión el 1 de enero de 2003 sin mayoría parlamentaria. El acta acusatoria recoge todos los pecados típicos de la corrupción: formación de banda para delinquir, corrupción activa y corrupción pasiva, peculado, blanqueo de dinero, evasión de divisas y fraude.
Lula se declaró “engañado”
Lula llegó a pedir perdón al país por el escándalo. Se declaró “engañado” por los suyos, desarticuló la cúpula de su partido y sacó de su Gobierno a su brazo derecho, el exguerrillero José Dirceu, señalado por el fiscal general como el responsable de montar la trama. Más tarde, sin embargo, se echó atrás, y llegó a negar que tal escándalo hubiera existido. Y calificó las acusaciones de un intento de derribar al primer presidente de la república “surgido del pueblo”.
Aparte de Dirceu, en el banquillo también estarán el expresidente del PT y actual asesor del Ministerio de Defensa José Genoino, y el entonces tesorero de esa formación, Delubio Soares. Asimismo, deberá responder ante el Supremo el expresidente de la Cámara Baja y actual diputado Joao Paulo Cunha, del PT, que por ese caso se vio obligado a renovar a toda su dirección nacional en 2005.
Otro procesado es el publicista Eduardo Duda Mendonca, quien dirigió todo lo relativo a la imagen de Lula en la campaña de 2002, y confesó que parte del pago por sus servicios le fue depositado por el PT en cuentas que debió abrir para ese fin en paraísos fiscales. Fuera del ámbito político, el más importante de los acusados es el publicista Marcos Valerio Fernandes, calificado por el Ministerio Público como “un verdadero profesional del crimen”.
Fernandes es señalado como “director financiero” de la trama, y también como el “hombre de las maletas” de dinero, que supuestamente entregaba en persona a los parlamentarios sobornados. Sus dos agencias de publicidad llevaban las cuentas de diversos organismos públicos, de los que se sospecha que salió el dinero que permitió comprar los votos en el Congreso, y en 2002 financió parte de la campaña de Lula y de muchos candidatos del PT y de otros partidos a los más diversos cargos. Según comprobó el Ministerio Público, el patrimonio de Fernandes se multiplicó por 60 entre 2003 y 2004, los dos primeros años de Lula y el PT en el Gobierno.
La sentencia revelará si Brasil seguirá sumergido en un mar de corrupción que baña todas las instancias. Muchos jueces advierten de que “los brasileños ya no aguantan más”. El célebre novelista João Ubaldo Ribeiro ha llegado a decir irónicamente que los políticos han logrado que el sueño de toda familia brasileña sea contar entre sus miembros con un político corrupto que les resuelva todos sus problemas.
Análisis: Partidos endebles, Congreso fuerte
Las formaciones políticas se han desarrollado tardíamente en el país por oposición a un Parlamento y a un Ejecutivo poderosos
El proceso contra el mayor escándalo de corrupción de Brasil tiene su raíz en el peculiar sistema político del país sudamericano, donde históricamente los partidos han sido débiles frente a un Congreso y a un Ejecutivo federales fuertes. Dentro del hemiciclo, los legisladores pactan, traicionan acuerdos, intercambian prebendas, mudan de camiseta y votan con o contra sus partidos con una cintura tan ágil como la de las bailarinas del Sambódromo de Río.
Los partidos brasileños han sido históricamente actores secundarios en el sistema político, y su aparición es tardía si se los compara con los de Argentina, Chile o Uruguay. Mientras los tres vecinos ya tenían en los años 30 partidos bien establecidos, Brasil no los consolida hasta 1945, durante la etapa final del Estado Novo forjado por Getulio Vargas. Pero lo curioso es que los partidos ni siquiera logran protagonismo entre 1946 y el golpe de Estado de 1964, cuando el país vive un período que, con todas sus deficiencias, fue democrático. Tal es así que para cuando se vuelve al Estado de derecho en 1985, el grueso de los partidos que rivalizan por el apoyo popular son muy jóvenes. Apenas un par de las grandes y medianas agrupaciones son anteriores a 1964: la laborista y comunista.
Desde su origen, que se remonta al fin del imperio y la creación de la República en 1889, las fuerzas políticas han sido un apéndice de los poderes o clanes familiares regionales. Los partidos se crearon, generalmente, desde la elite hacia abajo, dando poco espacio a los movimientos de base, salvo en el caso de los partidos de izquierda. Los grandes señores de la política siempre han sido los gobernadores regionales que, al frente de sus movimientos o de sus facciones, maniobran en el Congreso y pactan las líneas generales de la política nacional.
Los estados del sur, como São Paulo o Minas Gerais, los artífices del Brasil industrial, han tenido más peso en el poder central. Mientras, los del norte, dominados por los terratenientes, son los que más se aferran a su autonomía. Brasil siempre ha tenido fuertes diferencias regionales. Pedro I, primer emperador y padre de la independencia, sofocó más de una rebelión secesionista para mantener la unidad del territorio. El imperio solo perdió un territorio clave, la Provincia Cisplatina, lo que hoy es Uruguay.
El Congreso brasileño no es más que el lugar donde se plantean y dirimen todos estos intereses regionales y particulares bajo la atenta mirada del Gobierno federal. Los diputados no suelen cambiar de partido por diferencias ideológicas, sino porque siempre están valorando en qué agrupación de su zona tendrán más posibilidades de ser reelegidos. Cuando los diputados entran en el Congreso, la retórica política e incluso la ideología suelen quedar fuera.
La presidenta Dilma Rousseff sabe mejor que nadie que tener al Congreso en contra dificulta la gobernabilidad. Desde que comenzó su cruzada contra la corrupción, que se llevó por delante a correligionarios y aliados del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), decenas de reformas clave han quedado paralizadas, como advertencia a la mandataria de que el Parlamento es un poder intocable. El juicio que comenzó ayer, sin embargo, es la oportunidad para que esto cambie en Brasil.
Lo que se juzga es el escándalo político-financiero bautizado como ‘Mensalão’ (mensualidad). El caso fue destapado por el exdiputado Roberto Jefferson, otro de los acusados y actual presidente del Partido Laborista Brasileño (PTB)
Odebrecht va por todo
http://www.americaeconomia.com/revista/odebrecht-va-por-todo
Con una enorme caja para invertir, la constructora brasileña se ha diversificado territorial y sectorialmente. Una expansión no exenta de polémica.
Tue, 02/08/2011 – 16:44
Lima es una de las pocas capitales latinoamericanas que carecen de metro. Durante el turbulento primer gobierno de Alan García se inició la construcción del llamado tren eléctrico, pero el proyecto fue abandonado por razones presupuestarias y denuncias de corrupción. Un cuarto de siglo después revivió de la mano del propio García. Y fue ganado por un consorcio encabezado por la compañía local Graña y Montero y la brasileña Odebrecht, una de las empresas de ingeniería más grandes de América Latina.
Odebrecht es una compañía altamente descentralizada, El presidente de la compañía para América Latina, Luiz Antonio Mameri, cuenta que cada contrato de ingeniería en el extranjero tiene un director que trabaja como el presidente de una compañía autónoma. “Estos hombres traen muchas oportunidades para evaluar”, dice.
Además de su rubro clásico, la ingeniería civil, Odebrecht se ha diversificado hacia nuevos negocios. En petróleo y gas ofrece servicios de perforación y mantención de plataformas, además de participar en un bloque de exploración en Angola. Este año creó Odebrecht Defensa y Tecnología (ODT) para desarrollar sistemas de conocimiento avanzado, como equipos aeroespaciales, radares, misiles, sistemas de comunicación, control y mando. Fue elegida (sin licitación, según el estado de São Paulo) para la construcción del astillero y la base naval donde se fabricarán cuatro submarinos convencionales y uno nuclear, en cuya construcción también participa.
Según Paulo Lacerda de Melo, vicepresidente de la compañía, la política es entrar en estos nuevos proyectos con socios locales (en el caso del submarino es la francesa DCN), pero conservar el control mediante participaciones mayoritarias. La única excepción es la petroquímica Braskem, en la cual posee un 38% del capital, en sociedad con Petrobras y BNDESPar.
Lacerda afirma que grandes empresas mundiales, fondos de inversión y empresas de primera línea han buscado a Odebrecht para realizar joint-ventures y proyectos conjuntos. Entre los más recientes y con los que se logró acuerdo están la gestora de recursos Gávea Investimentos en el sector inmobiliario, el fondo de inversiones FIF-FGTS en sanitarias; la singapurense Temasek en petróleo y gas y los fondos Ashmore y Tarpon en la producción de etanol.
Con estos nuevos socios Odebrecht quedo con un alto nivel de capitalización, con lo que fueron postergados los planes de abrir el capital de las subsidiarias.
Cuando Odebrecht tuvo un conflicto con el gobierno ecuatoriano, fue defendida por Lula y la cancillería brasileña.
El grupo contempla inversiones en 2010 por US$ 9.400 millones, un 50% más que el año anterior. A nivel internacional, sus principales negocios están en África y en América Latina, donde, aparte del mercado local, se destaca Perú. “Los gobiernos se han fortalecido y existe un enorme déficit en infraestructura”, dice Mameri. Sólo en ingeniería, América Latina representa el 70% de los ingresos, y Brasil, el 38%.
Uno de los proyectos en curso es la construcción de la Ruta del Sol, en Colombia, una carretera de 530 km, una concesión ganada en 2009 y de la que Odebrecht posee el 60%. En Perú participa en las carreteras IIRSA Norte e IIRSA Sur, y actúa como constructora e inversionista en un proyecto hidroeléctrico que comenzará a ser construido este año, con un desembolso de US$ 1.000 millones. En Argentina está construyendo trechos de un gasoducto y en Panamá participa de la construcción del metro.
Dado su giro, la oferta de mano de obra es la gran barrera para la expansión de los negocios de Odebrecht. Durante un año la empresa necesita a unos 700 practicantes recién formados en ingeniería y gestión, pero los trabajos fuera de Brasil requieren experiencia. De los 92.000 funcionarios de planta, la mitad trabaja en el extranjero.
“En todo el mundo emergente, la cadena de construcción nunca estuvo tan caliente como en los últimos cinco o seis años”, dice Lacerda.
La oferta de proyectistas, proveedores de equipos y tecnología es uno de los principales obstáculos que tendrá que enfrentar Odebrecht en los próximos años.
Cristo redime. Pero no es el único: muchos negocios de Odebrecht están acompañados de polémica. En Ecuador su operación de la represa hidroeléctrica San Francisco terminó en un conflicto legal con el gobierno de Rafael Correa. Y en Perú se han multiplicado voces críticas a su cercanía con el poder político. La nueva licitación del tren eléctrico se dio en medio de denuncias de supuestas irregularidades. Odebrecht ganó la licitación días después de conocerse públicamente que un grupo de empresas brasileñas (entre ellas Odebrecht) donó US$ 833.000 para construir una efigie monumental muy parecida a la del Cristo Corcovado de Rio de Janeiro.
Nadie del gobierno peruano desmintió la información. Alan García, que de revolucionario en los 80 terminó gobernando como paladín de los valores, señaló que él mismo donó casi US$ 36.000 para la obra. Los representantes de Odebrecht en Perú se excusaron de comentar.
El Cristo del Pacífico, de unos 37 metros de alto (incluyendo una base de 15 metros), está ubicado en el distrito Chorrillos, frente al mar.
Fue construido en tiempo récord y ha sido criticado por arquitectos y la alcaldesa de Lima, Susana Villarán. Pero más que Cristo, en sus negocios internacionales Odebrecht cuenta con un aliado poderoso y muy terrenal: el gobierno brasileño. Como quedó demostrado en el conflicto con Ecuador, la empresa actúa como avanzada de intereses geopolíticos. Los préstamos para construir la represa fueron concedidos a Ecuador por el BDNES. Cuando el gobierno de Rafael Correa impugnó el contrato, Odebrecht encontró dos decididos defensores en la cancillería y por el propio Lula da Silva. Planalto e Itamaraty, un dúo de peso.